Gigante (mitología griega)

En el artículo de hoy, vamos a adentrarnos en el fascinante mundo de Gigante (mitología griega). Ya sea que seas un experto en el tema o estés buscando información por primera vez, este artículo está diseñado para proporcionarte una amplia visión de Gigante (mitología griega). Exploraremos sus orígenes, su impacto en la sociedad actual, y daremos un vistazo a su futuro. No importa cuál sea tu nivel de conocimiento sobre Gigante (mitología griega), esperamos que este artículo sea una lectura interesante y enriquecedora para todos nuestros lectores.

Poseidón (izquierda) con un tridente y con la isla Nísiros en su hombro, luchando contra un Gigante (posiblemente Polibotes), vaso de figuras rojas c. 500–450 a. C. (Cabinet des Medailles 573)

En la mitología griega, los gigantes (en griego: Γίγαντες, latín: Gigantes; ‘nacidos de la tierra’)​ son una raza caracterizada por su fuerza y agresividad excepcionales (no necesariamente por su tamaño).​ Son conocidos por la Gigantomaquia, su lucha contra los dioses olímpicos por la supremacía del cosmos.​ Conviene distinguir a los gigantes como estirpe que lucharon contra los dioses, de otros tipos de gigante cuyas tradiciones son locales.

Representaciones arcaicas y clásicas muestran a los gigantes como hoplitas con tamaño y forma humana.​ Representaciones posteriores (después de c. 380 a. C.) los muestran con serpientes en lugar de piernas.​ En tradiciones posteriores, los gigantes fueron frecuentemente confundidos con otros enemigos de los olímpicos, particularmente con los titanes, una generación anterior de hijos de Gea y Urano.

Es digno de mención que Homero, así como escritores posteriores, sitúe a los gigantes en zonas volcánicas, y la mayoría de los expertos lo hagan en áreas de Europa occidental. El origen de la historia de los gigantes debe pues buscarse probablemente en fenómenos físicos similares de la naturaleza, especialmente en los volcánicos, de los que surgieron las historias sobre los cíclopes. Estos gigantes intervienen poco en la mitología. Se dice que los gigantes que fueron derrotados fueron enterrados bajo volcanes, y que estos eran los causantes de las erupciones volcánicas y terremotos.

Gigante luchando contra Artemisa.

Naturaleza, descripciones y ascendencia

Ascendencia como «terrígenos»

Según algunos, nacieron en Flegra (‘campo en llamas’), en Sicilia, Campania o Arcadia y, según otros, Flegra era el nombre mítico de la península tracia de Palene.​ En cuanto a su origen, Homero tan solo dice que Eurimedonte fue el rey de los gigantes,​ pero Hesíodo los hace desdender de la sangre de Urano en contacto con Gea.Apolodoro explica que nacieron de la unión ordinaria entre Urano y Gea,​ en tanto que Higino los hace desdencer de la Tierra y el Tártaro, aunque confunde la identidad de estos.Baquílides los refiere simplemente como «hijos de la Tierra», sin especificar más datos.​ Más tarde el término terrígeno (gegeneis, «nacido de la tierra») se hizo común para referirlos.

Descripciones

En cuanto a su naturaleza, Homero describe al rey gigante Eurimedonte como «de altivo corazón» (μεγαλήτορος) y a su pueblo como «soberbio» (ὑπερθύμοισι) e «insensato» (ἀτάσθαλος).Hesíodo define a los gigantes como «fuertes» (κρατερῶν) y «grandes» (μεγάλους), lo que puede o no ser una referencia a su tamaño.​ Aunque se trata de una posible interpolación posterior, la Teogonía también dice que los gigantes nacieron con «resplandecientes armas, que sostienen en su mano largas lanzas».​ Las fuentes arcaicas describen a los gigantes en su relación con la soberbia y desmesura. Píndaro describe la excesiva violencia del gigante Porfirión «irritándote más de lo justo»​ y Baquílides califica a los gigantes de arrogantes, diciendo que fueron destruidos por su hybris.Alcmán quizás ya había utilizado a los gigantes como ejemplo de arrogancia, siendo los versos «venganza de los dioses» y «sufrieron castigos indecibles por el mal que hicieron» posibles referencias a la Gigantomaquia.​ Con el paso del tiempo a los gigantes se les fueron añadiendo rasgos de dragón (‘serpiente’). Apolodoro nos concreta que eran invencibles por su tamaño y fuerza y que tenían colas de serpiente como pies.​ Ovidio los describe con pies de serpiente y cien brazos​ y Nono refiere que tenían serpientes en los cabellos.

Desacato de los gigantes

Los autores no se ponen de acuerdo sobre qué crímenes y fechorías cometieron los gigantes para ser considerados enemigos de los dioses del Olimpo. Unos dicen habían esclavizado a los hombres, sometidos a su inmensa fuerza y constitución gigantesca.​ Otros que intentaron violar a Afrodita y esta tuvo que despacharlos con ayuda de Heracles.​ Otros más que el propio Alcioneo había expulsado de Eritía a las vacas de Helio.​ Pero la versión más común dice que, instigados por Gea, se atrevieron a arrojar encinas encendidas y piedras en una declaración de hostilidades contra el Olimpo.

Confusión con otros seres

Los poetas helenísticos confunden a los gigantes con otros seres similares, especialmente en relación a las teomaquias. Así Tifón y Ofión, que tienen sus propias teomaquias contra los dioses, con citados como gigantes en la Gigantomaquia. No se sabe hasta qué punto son diferentes seres o los mismos en otra tradición.​ Lo mismo sucede con otros gigantes. Por ejemplo Oto y Efiales, los Alóadas, a veces son descritos por separado como parte de los gigantes que pelearon en la Gigantomaquia.Higino, en su lista de gigantes, incluye a Ceo, Jápeto, Astreo, Forco, Oto, Efialtes y Tifón; algunos de ellos son parte de los titanes.Ovidio parece confundir la Gigantomaquia con el posterior asedio del Olimpo por los Alóadas.​ También parece confundir a los centimanos con los gigantes, pues dice de estos últimos que tenían un «centenar de brazos».​ Del gigante Alpo se dice que tenía cien cabezas de serpiente como es descrito normalmente a Tifón.Calímaco y Filóstrato parece que también los están confundiendo pues dicen que Egeón causa de los terremotos, como se decía a menudo de los gigantes.

Fuentes mitográficas

Homero

Según Homero, los gigantes eran una raza de hombres salvajes y de grandes dimensiones, gobernados por Eurimedonte, que moraba en el lejano oeste, en la isla de Trinacia. Pero fueron exterminados por el propio Eurimedonte debido a su insolencia hacia los dioses.​ Homero consideraba pues a los gigantes, como a los feacios, cíclopes y lestrigones, una de las razas autóctonas que (con la excepción de los feacios) fueron destruidas por los dioses debido a su autoritaria insolencia. No obstante Homero no sabía nada sobre la lucha de los dioses con los gigantes.

Poseidón, el que agita la tierra, a Nausítoo primero engendró en Peribea, mujer de sin par hermosura; fue la hija menor que dejó Eurimedonte, el de altivo corazón, que reinó en los soberbios gigantes y al cabo a su pueblo insensato arruinó y a la par a sí mismo. Con aquélla se unió Poseidón y tuvieron por hijo a Nausítoo el magnánimo, rey de las gentes feacias que a Rexénor y Alcínoo a su vez engendró.

Hesíodo

Sin embargo, Hesíodo​ los considera seres divinos, que surgieron de la sangre que Urano derramó sobre la Tierra, siendo pues Gea su madre. Para ser más precisos, nacieron con sus hermanos y hermanas, las Erinias y las Melíades, cuando Crono castró a Urano, su padre, y la sangre de este cayó sobre Gea. Poetas y mitógrafos posteriores los confunden frecuentemente con los Titanes.

«Pues cuantas gotas de sangre salpicaron, todas las recogió Gea. Y al completarse un año, dio a luz a las robustas Erinias, a los altos gigantes de resplandecientes armas, que sostienen en su mano largas lanzas, y a las Ninfas que llaman Melias sobre la tierra ilimitada».

Hesíodo los vuelve a mencionar sucintamente en el Catálogo de mujeres, donde dice que «Heracles en Flegra dio muerte a unos gigantes soberbios».

Ovidio

Fuente que evoca al Gigante Encélado surgiendo de la Tierra, en los jardines del Palacio de Versalles.

Los gigantes aparecen esencialmente en el episodio de la Gigantomaquia (o ‘Guerra con los gigantes’), en la que se enfrentaron a los dioses del monte Olimpo, intentando llegar a ellos apilando las dos cadenas montañosas de Tesalia, Pelión y Osa, una sobre la otra. Sin embargo, fueron derrotados por los dioses olímpicos con la ayuda de Heracles. Esta batalla parece ser solo una imitación de la revuelta de los dioses griegos contra los Titanes, la Titanomaquia. Se decía​ que Gea, indignada por el destino de sus hijos anteriores, los Titanes, engendró sola a los gigantes, seres monstruosos e inconquistables con temibles rostros y colas de dragón.

Ovidio también habla resumidamente de la Gigantomaquia. Dice que para que el elevado éter no fuese más seguro que la tierra, cuentan que los gigantes ambicionaron el dominio del cielo, y colocaron los montes apilados en un intento de alcanzar la altura de las estrellas. Entonces el padre omnipotente, con un rayo que envió, destrozó el Olimpo y derribó el Pelión del Osa que lo sostenía. Al yacer aquellos cuerpos espantosos aplastados por su propia mole, dicen que la tierra se empapó, regada por la sangre abundante de sus hijos, y que dio vida a la sangre caliente, y, para que quedase algún recuerdo de su estirpe, la transformó en figuras humanas. Pero también esta raza despreció a los dioses, fue ávida de crueles matanzas y violenta; dirías que surgieron de la sangre.

Apolodoro

El relato más extenso acerca de la Gigantomaquia es narrado por Apolodoro, y es como sigue. Se dice que Gea, irritada a causa de los Titanes, procrea con Urano a los gigantes: insuperables por su tamaño e invencibles por su fuerza, mostraban temible aspecto, con espesa pelambre pendiente de la cabeza y el mentón, y escamas de dragón como pies. Habían nacido según unos en Flegra, según otros en Palene. Arrojaban al cielo encinas encendidas y piedras. Aventajaban a todos Porfirión y Alcioneo, que era inmortal mientras combatiera en su tierra nativa; éste expulsó de Eritía las vacas de Helio. A los dioses se les había vaticinado que no podrían aniquilar a ningún gigante a menos que un mortal combatiera a su lado. Conociendo esto Gea busca una droga para que no pudieran ser vencidos ni por un mortal. Pero Zeus prohibió aparecer a Eos, Selene y Helio y, adelantándose, él mismo destruyó la sustancia y por medio de Atenea llamó a Heracles en su ayuda. Éste primero disparó su arco contra Alcioneo, quien al caer en tierra se reanimó. Por consejo de Atenea, Heracles lo arrastró fuera de Palene y de este modo acabó con él. En la batalla Porfirión atacó a Heracles y a Hera. Zeus le inspiró deseo por Hera, y cuando Porfirión le desgarró los vestidos queriendo forzarla y ella pidió ayuda, fue fulminado por Zeus y asaeteado por Heracles. En cuanto a los demás gigantes, Apolo flechó a Efialtes en el ojo izquierdo y Heracles en el derecho. Dioniso mató a Éurito con el tirso, Hécate a Clitio con teas, y Hefesto a Mimante lanzándole hierros candentes. Atenea arrojó sobre Encélado fugitivo la isla de Sicilia, y habiendo arrancado la piel a Palante, con ella protegió su propio cuerpo en el combate. Polibotes llegó a Cos perseguido a través del mar por Poseidón; este desgajó la parte de la isla llamada Nísiro y se la echó encima. Hermes, cubierto con el casco de Hades durante la lucha, mató a Hipólito, Ártemis a Gratión, las moiras, armadas con mazas de bronce, a Agrio y Toante, y a los demás los destruyó Zeus alcanzándolos con sus rayos. Heracles remató con sus flechas a todos los moribundos.

Diodoro Sículo

Diodoro Sículo, en cambio, nos habla del papel de Zeus como dios de la justicia y cómo obtuvo su primacía contra los gigantes. Dice que Zeus recorrió prácticamente toda la tierra habitada, eliminando a los bandidos y a los hombres impíos, e introduciendo la igualdad y la democracia, y fue entonces, dicen, cuando acabó con los gigantes, en Creta con Milino y sus secuaces y en Frigia con Tifón y su banda. Antes de la batalla contra los gigantes que tuvo lugar en Creta, se dice que Zeus sacrificó un buey a Helio, a Urano y a Gea; y en todas las ceremonias sagradas se reveló lo decretado por los dioses respecto a la empresa, al indicar los presagios su victoria y la defección de los enemigos en beneficio de los dioses. Y el resultado de la guerra dio la razón a estos presagios, puesto que Museo desertó del bando enemigo, por lo que obtuvo honores especiales, y los dioses destrozaron a todos los que se les enfrentaban. Se cuenta asimismo que Zeus mantuvo otras guerras contra los gigantes, en Macedonia junto a Palene y en Italia en la llanura que antiguamente se llamaba Flegrea, a causa de las señales de fuego del lugar, y que posteriormente recibió el nombre de Cimea. Los gigantes fueron castigados por Zeus a causa de la iniquidad mostrada con los otros hombres, porque, confiados en su superioridad física y en su fuerza, habían esclavizado a sus vecinos, desobedecían las leyes que él mismo establecía en defensa de la justicia y emprendían la guerra contra aquellos que todos consideraban dioses por sus beneficios a la comunidad. Zeus, pues, dicen, no sólo hizo desaparecer del todo a los hombres impíos y malvados, sino que también distribuyó los honores que merecían a los mejores entre los dioses y los héroes, y también entre los hombres. Dada la importancia de sus beneficios y su extraordinario poder, todo el mundo manifestó unánimemente su acuerdo respecto a un reinado perpetuo y a que estableciera su residencia en el Olimpo.

Claudiano

Claudiano también escribió una Gigantomaquia que no ha conservado entera. Dice que los gigantes confiaban en su fuerza física pero no eran expertos en el combate cuando se enfrentaron al Olimpo. Uno de los gigantes había arrojado un árbol que Zeus calcinó con un rayo. Otro gigante se detuvo enfrente de Helios, amenazándolo con apresarlo, pero el titán le ranzó un destello que cegó y calcinó a su oponente. Después un gigante, para colmar su sed, se bebió un río entero. Y además otro gigante, zambulléndose en el mar, comenzó a sorberlo hasta que todo quedó seco. Mientras tanto Atenea se encontraba luchando contra dos gigantes; uno llevaba la cima de un monte y el otro una enorme piedra. A uno lo atravesó con una lanza de fresno y al otro le mostró la cabeza de la Gorgona, convirtiéndolo en piedra. Por su parte Afrodita no llevaba armas ni protección sino que su arma era su belleza. Engalanándose como si fuera a visitar a un amante, Afrodita apareció radiante, preparada para captar la atención de sus enemigos. Cuando un gigante la contemplaba quedaba embelesado y dejaba caer su dardo en el descuido. En ese momento Ares aprovechaba para arrojar su venablo contra el gigante distraído y así iban muriendo muchos de ellos. El gigante Tifeo se apostó frente de Poseidón y este le hirió el pecho con su tridente mientras Zeus fulminaba su cabeza con un rayo. También Encélado cogió una isla de raíz con sus ciudades y profiriendo amenazas se situó delante de Zeus. Amenazaba con desgarrar toda la tierra, trastornar el cielo y derribar la morada de Zeus. Gea, la madre del gigante, le concedió un vigor sobrehumano a su hijo para aguantar el peso de la isla entera, que alcanzaba en tamaño a una montaña. Pero entonces Zeus, soberano de los dioses, ya no aguantó más su cólera. Invocó a los relámpagos sobre las nubes, junto con los rayos, y así hizo descender una lluvia de fuego sobre Encélado. Este, ardiendo, no tuvo más remedio que lanzarse al mar y el mar hervía terriblemente en torno a Tera. Finalmente Zeus, desde el cielo, y habiendo arrancado de la tierra arcadia una roca enorme, se la arrojó al gigante que quedó aplastado. Y así las rocas y los rayos atormentaron al resto de abominables gigantes.

Pausanias

Según Pausanias, cerca de la cuenca del Alfeo hay fuente llamada Olimpiada, que echa agua un año sí y otro no, y cerca de la fuente brota fuego. Dicen los arcadios que allí tuvo lugar la legendaria batalla entre gigantes y dioses, y no en la Palene de Tracia, y allí hacen sacrificios a relámpagos, tempestades y truenos.

Eratóstenes

Eratóstenes nos cuenta un episodio que solo mantiene este autor. Se dice que, cuando los dioses salieron en campaña contra los gigantes, Dioniso, Hefesto y los Sátiros marchaban a lomos de burros. Cuando los gigantes no habían sido vistos aún por ellos, aunque ya se hallaban cerca, los burros rebuznaron y los gigantes, al oír el raido, se dieron a la fuga. Por ello se les concedió el honor de figurar en el Cangrejo (se refiere a los Burros, también conocidos como el Pesebre) hacia la parte de poniente.

Catálogo de gigantes

Estatuilla de bronce de un gigante procedente de Asia Menor, tercer cuarto del siglo II a. C.

A continuación se citarán a los nombres individuales de los gigantes que aparecen mencionados en los textos mitográficos. Muchas veces es difícil diferenciarlos porque las fuentes varían y mudan su naturaleza. Pueden estar confundidos con titanes o autóctonos pero se incluirán en la lista a todos lo que sean especificados explícitamente como «gigantes» en los textos mitográficos.

Ya se han mencionado, en el texto de Apolodoro, a los principales gigantes que participaron en la Gigantomaquia, a saber: Porfirión o Porfirio, Alcioneo, Efialtes, Éurito, Clitio, Mimas o Mimante, Encélado, Palas o Palante, Polibotes, Hipólito, Gratión, Agrio y Toante.​ Para una nómina exhaustiva de gigantes individuales que participaron en la teomaquia, véase «Gigantomaquia».

Otros gigantes no son descritos en la Gigantomaquia, aunque pudieran participar en otras teomaquias. La mayoría tiene un trasfondo individual que lo vincula con leyendas locales. Estos gigantes son:

  • Agrio y Oreo (Ἅγριος ‘agreste’ y Ορειος ‘montañés’), mencionados por Antonino Liberal. Eran hijos de Polifonte y un oso, del que le hizo enamorarse Afrodita por desdeñarla en favor de Artemisa. Ambos eran gigantes poderosos que no honraban a los dioses y devoraban hombres. Fueron transformados en pájaros por Hermes.
  • Álmope (Ἄλμωψ Álmops), este gigante gentil, concebido por Poseidón y Hele, y dio su nombre a Almopía.
  • Alóadas (Ἀλωάδαι Alôadai o Ἀλωεῖδαι Alôedai), dos hermanos gemelos llamados Oto (Ὥτος, ‘búho orejudo’) y Efialtes (Ἐφιάλτες, ‘el que salta’), hijos de Poseidón e Ifimedea, que quisieron derribar el cielo con sus propias manos y derrocar a Zeus. Crecían cada año un codo de anchura y una braza en altura. Cuando tuvieron nueve años de edad decidieron luchar contra los dioses, por lo que apilaron el monte Osa sobre el Olimpo y el Pelión sobre el Osa, amenazando así con subir hasta el cielo. También decían que llenando el mar con las montañas lo convertirían en tierra seca y harían mar la tierra. Como eran inmortales y el Oráculo había profetizado que no morirían en manos de hombres ni dioses, se mataron entre ellos por accidente.
  • Ánax o Anacte (Ἅναξ), según los milesios era un hijo de Gea, que gobernó el país y desde entonces era llamado Anactoria en su honor. Su cadáver no tiene menos de diez codos. Su hijo Asterio, también un gigante, le sucedió en el trono.
  • Anteo (Ἀνταῖος), hijo de Poseidón y Gea que vivía en Irasa, en los desiertos de Libia. Desafiaba y asesinaba a todo el que se adentraba en sus dominios, pues había hecho voto de construirle un templo a su padre con cráneos humanos. Siempre vencía en sus peleas, ya que en cuanto caía a tierra o la tocaba, su madre le daba fuerzas de nuevo. Retó a Heracles, quien lo derribó tres veces, pero en vano. Heracles advirtió lo que pasaba y, levantándole en vilo para impedirle recibir el aliento de su madre, lo asfixió.
  • Antífates (Ἀντιφάτης), hijo de Poseidón y Gea, era el rey de la tribu de los lestrigones, unos gigantes antropófagos que encontró Odiseo en sus viajes. Anfífates destruyó la flota de Odiseo.
  • Argos Panoptes (Άργος Πανοπτης, ‘brillante’ ‘todos los ojos’) tenía cien ojos. Era un guardián muy efectivo, pues solo algunos de sus ojos dormían en cada momento, habiendo siempre varios otros aún despiertos. Era un fiel sirviente de Hera. Su gran servicio al panteón olímpico fue matar al monstruo ctónico con cola de serpiente Equidna cuando ésta dormía en su cueva.
  • Asterio (Ἀστέριος), hijo del también gigante Ánax o Anacte, e sucedió en el trono, pero el cretense Mileto, hijo de Apolo, conquistó el país y le cambió el nombre por el suyo. Asterio medía diez codos de alto y fue enterrado en la pequeña isla de Lade.
  • Caco (Κακος Kakos, ‘malo’ o ‘malvado’), hijo de Hefesto, era un Gigante mitad hombre y mitad sátiro que vomitaba torbellinos de llamas y humo. Vivía en una cueva del monte Aventino en cuya puerta siempre colgaban las cabezas de los humanos que devoraba. Robó algunos de los bueyes de Gerión a Heracles mientras dormía, por lo que este le mató.
  • Crisaor (Χρυσάωρ), hijo de Poseidón y Medusa y hermano de Pegaso, de proporciones «enormes».
  • Damasén (Δαμασήν, ‘domador’). Criado por Eris, mató una vez a un drakon (una serpiente) que fue devuelto a la vida por otro drakon, su compañero, con la ayuda de una hierba curativa.
  • Eceo o Azeyo (Αἰζειός) un hijo de Ctonia (Gea) que participó en la Titanomaquia, y no la Gigantomaquia. Unido a una ninfa innominada fue padre Licón (o Licaón), por él el antepasado de los reyes arcadios. Hija de Licón fue Deyanira, quien se desposó con Pelasgo y ambos fueron los padres de Licaón. Por eso se dice que Licaón nació de la sangre de los gigantes.
  • Eurimedonte (Εὐρυμέδων), antiguo rey de los gigantes. Fue padre de Peribea.
  • Gerión (Γηρυών Gêruôn o Γηρυόνης Gêruônês), monstruoso gigante alado hijo de Crisaor y Calírroe, formado por tres cuerpos humanos completos unidos por la cintura. Era invencible en la batalla y dueño de una gran sabiduría. Vivía en la isla Eritia y tenía una espléndida cabaña de ganado guardado por un perro de dos cabezas, Ortro, y por un pastor, Euritión. Uno de los doce trabajos de Heracles fue robar dicho ganado, tras lo cual mató a Gerión cuando este le buscaba para vengarse.
  • Gigantes hiperbóreos, según Eliano, los sacerdotes de Bóreas fueron sus hijos con Quíone, que fueron tres hermanos uterinos innominados, de seis codos de altura. Y cuando en el momento acostumbrado ellos realizan el ritual establecido del susodicho dios, descienden de los llamados «montes ripeos».
  • Hilo (Ὕλλος), gigante de Lidia (Anatolia) e hijo de Gea, del que se creía que derivaba el nombre del río Hilo. Aparentemente los griegos lo identificaban con Gerión.
  • Hopladamo (Ὁπλάδαμος), a veces escrito como Hoplodamo; se dice que cuando Rea tenía a Zeus en su vientre llegó se procuró ayuda, en el caso de que fuera contra ella Crono, de Hoplodamo y todos los gigantes que estaban con él.
  • León, según Focio: «Heracles no llevaba la piel del león de Nemea, sino la de cierto León, uno de los gigantes muertos por Heracles al que había desafiado a combate singular».​ También se mencionan gigantes con cabezas de león se muestran en el friso de la Gigantomaquia del siglo II a. C. en el Altar de Pérgamo.
  • Orión (Ὀρίων), un hermoso gigante que podía caminar sobre el agua. Le mató Gea enviándole al escorpión por amenazar con acabar con todas las bestias de la tierra con su destreza en la caza o Apolo por atreverse a amar a Artemisa.​ En una fuente es descrito como de «enorme estatura».
  • Siceo (Συκευς), de quien deriva el nombre de la higuera. Llamado uno de los titanes (en este contexto, gigante) e hijo de Gea, fue perseguido por Zeus hasta que Gea lo acogió en su regazo, e hizo que esa planta creciera para el deleite de su hijo. Dicen que de Siceo también recibió su nombre la ciudad de Sicea en Cilicia.
  • Talos o Talo (Τάλως), el gigante de bronce que patrullaba la isla de Creta para guardarla de los piratas. Le mató la bruja Medea cuando los argonautas intentaban desembarcar en la isla.
  • Ticio (Τιτυός), un gigante lujurioso que intentó violar a Leto. Fue derrotado por Apolo y Artemisa y encadenado en el Tártaro, donde dos buitres comían eternamente su hígado.
  • Turio, un gigante que luchó con Heracles y que sólo describe Pausanias. Turio también es un epíteto de Ares en Laconia.

Iconografía

Parte del altar de Zeus de Pérgamo en el que dos gigantes —Agio y Toante— son derrotados por las Moiras. Berlín, Museo de Pérgamo.

Las primeras representaciones de la gigantomaquia aparecen en el siglo VI a. C. en vasos, esculturas y elementos arquitectónicos. En ellas, el aspecto de los gigantes es el de hombres armados. A partir del periodo clásico, empiezan a perder sus armaduras (a excepción, a veces, del casco y del escudo) y en ocasiones se les dota de un aspecto más salvaje realzando sus barbas o colocándoles pieles de animales. Un lugar destacado donde se representaba la gigantomaquia era en el peplo que se ofrecía a Atenea en la procesión de las panateneas.

El tratamiento más completo de la gigantomaquia en la iconografía se encuentra en el friso norte del Tesoro de los sifnios de Delfos (c. 525 a. C.), con más de treinta figuras, nombradas mediante inscripción (aunque muchos nombres tuvieron que ser reconstruidos). De izquierda a derecha: Hefesto (con fuelle); dos diosas luchando contra dos gigantes; Dioniso caminando hacia un gigante que avanza; Temis​ en un carro tirado por un grupo de leones que atacan a un gigante que huye; los arqueros Apolo y Artemisa; otro gigante que huye (Taro o posiblemente Cantaro);​ el gigante Efialtes tendido en el suelo; un grupo de tres gigantes, entre los que se encuentran Hiperfante​ y Alecto, que se oponen a Apolo y Artemisa. A continuación hay una sección central que falta y que presumiblemente contiene a Zeus, y posiblemente a Heracles, con un carro (sólo se conservan partes de una yunta de caballos). A la derecha aparece una diosa clavando su lanza a un gigante caído​ (probablemente Porfirión, porque le lee un nombre terminado en «-ριον»); Atenea luchando contra Eríctipo y un segundo gigante; un hombre saltando sobre Astarias (probablemente Asterio) para atacar a Bíatas y otro gigante; y Hermes contra dos gigantes. Luego sigue un hueco en el que probablemente estaba Poseidón y, finalmente, en el extremo derecho, un dios luchando contra dos gigantes, uno caído, el otro es el gigante Mimón (probablemente el Mimante mencionado por Apolodoro).

En la cerámica arcaica griega también aparecen una serie de enfrentamientos. Mientras que los dioses pueden identificarse por rasgos característicos, por ejemplo Hermes con su sombrero (petasos) y Dioniso su corona de hiedra, los gigantes no se caracterizan individualmente y sólo pueden identificarse por inscripciones que a veces nombran. Los fragmentos de un vaso de este mismo periodo (Getty 81.AE.211) nombran a cinco gigantes: Páncrates contra Heracles, Polibotes contra Zeus, Oranión contra Dioniso, Eubeo y Euforbo caídos, con Efialtes. También se nombra, en otros dos de estos primeros vasos, a Aristeo luchando contra Hefesto (Acrópolis 607), Eurimedonte y (de nuevo) Efialtes (Acrópolis 2134). Un ánfora de Caere, de finales del siglo VI, da los nombres de más gigantes: Hiperbio y Agástenes (junto con Efialtes) luchan contra Zeus, Harpólico contra Hera, Encélado contra Atenea y (de nuevo) Polibotes, que en este caso lucha contra Poseidón con su tridente sosteniendo la isla de Nísiros sobre su hombro (Louvre E732) Este motivo de Poseidón sosteniendo la isla de Nísiros, listo para lanzarla contra su oponente, es otra característica frecuente de estas primeras Gigantomaquias.

Posteriormente, en el siglo IV a. C., se relaciona a los gigantes con los volcanes de Italia. Es en esta época cuando se empieza a representar a los gigantes con piernas de serpiente. Del periodo helenístico la representación más destacada de los gigantes aparece en el altar de Pérgamo, donde aparecen algunos gigantes con piernas humanas y otros con piernas de serpientes. Este modelo, en el que los gigantes lucen una gran musculatura, cabellos alborotados y grandes barbas, tuvo continuidad en la época romana, aunque en este periodo las piernas de los gigantes tienen siempre forma de serpiente. Los gigantes del altar de Pérgamo son los siguientes. El mismo grupo central de Zeus, Atenea, Heracles y Gea, que aparece en muchos de los primeros vasos áticos, también ocupaba un lugar destacado en el Altar de Pérgamo. En el lado derecho del friso oriental, el primero que encuentra un visitante, un gigante alado, normalmente identificado como Alcioneo, lucha contra Atenea. Debajo y a la derecha de Atenea, Gea se eleva desde el suelo, tocando el manto de Atenea en señal de súplica. Por encima de Gea, una Nike alada corona a la victoriosa Atenea. A la izquierda de esta agrupación, un Porfirión con piernas de serpiente lucha contra Zeus y a la izquierda de Zeus está Heracles. En el extremo izquierdo del friso oriental, una Hécate triple con una antorcha lucha contra un gigante con patas de serpiente que suele identificarse (siguiendo a Apolodoro) como Clitio. A la derecha se encuentra el caído Udeo, herido en el ojo izquierdo por una flecha de Apolo, junto con Deméter, que blande un par de antorchas contra Erisictón. Las representaciones de los gigantes son muy variadas. Algunos son totalmente humanos, mientras que otros son una combinación de formas humanas y animales. Algunos tienen patas de serpiente, otros alas, uno garras de pájaro, otro cabeza de león y otro cabeza de toro. Algunos gigantes llevan cascos, escudos y luchan con espadas. Otros van desnudos o vestidos con pieles de animales y luchan con garrotes o piedras. El gran tamaño del friso probablemente hizo necesario añadir muchos más gigantes de los que se conocían hasta entonces. Algunos, como Tifón y Tito, que no eran gigantes en sentido estricto, tal vez fueron incluidos. La inscripción parcial «Mim» puede significar que también se representó al gigante Mimante. Otros nombres de gigantes menos conocidos o desconocidos son Alecto, Ctonófilo, Euribiante, Molodro, Óbrimo, Octeo y Olíctor.

Los gigantes están prácticamente ausentes en la iconografía de la Edad Media. Reaparecen a partir del renacimiento, como simples hombres musculosos que luchan contra Zeus.

Representación artística de los gigantes en la mitología griega

Los gigantes en la mitología griega no solo tienen un papel importante en las narraciones literarias, sino que también han sido ampliamente representados en el arte, desde la cerámica hasta la escultura monumental. Estas representaciones artísticas no solo sirven para ilustrar los mitos, sino también para simbolizar temas más amplios como el orden cósmico, el caos y la lucha entre el bien y el mal.

1. La Cerámica Griega

La cerámica griega es una de las fuentes más ricas para la representación visual de los mitos, y los gigantes son uno de los temas recurrentes, especialmente en el contexto de la Gigantomaquia, la batalla entre los gigantes y los dioses del Olimpo.

  • Ánforas y Kráters: Los gigantes son a menudo representados en frisos y escenas pintadas en ánforas y kráters (grandes jarrones). Estos vasos eran utilizados para el almacenamiento de líquidos o como urnas funerarias y estaban decorados con escenas mitológicas que mostraban a los gigantes luchando contra los dioses. Un ejemplo clásico es el kráter de la Gigantomaquia pintado por el artista Pistaresco (alrededor del siglo V a. C.), que presenta una escena vibrante de la batalla con los dioses del Olimpo luchando contra figuras gigantes y musculosas.
  • Estilo de Pintura: La representación en estos vasos variaba entre el estilo geométrico, el estilo orientalizante, y más tarde en el estilo clásico. En muchos casos, los gigantes son representados con características exageradas, como cuerpos enormes y grotescos, y sus luchas se muestran en composiciones dinámicas, enfatizando la acción y el conflicto.

2. El Friso de la Gigantomaquia del Partenón

Una de las representaciones más importantes de los gigantes en el arte monumental es el friso de la Gigantomaquia en el Partenón de Atenas (aproximadamente 447–438 a. C.). Este friso monumental es una de las esculturas más destacadas del estilo clásico, y se encuentra en el interior del templo dedicado a Atenea.

  • La Batalla: En el friso, los dioses del Olimpo, como Zeus, Hera, Atenea y Apolo, se enfrentan a los gigantes en una feroz batalla. Los gigantes son representados como figuras enormes, a menudo con características animales o monstruosas, en contraste con los dioses, quienes se presentan con formas más humanas y elegantes. Las escenas transmiten la idea de un conflicto épico, con dioses que luchan por mantener el orden cósmico frente al caos que representan los gigantes.
  • Estilo Escultórico: Los escultores Fidias y su taller fueron responsables de la creación de estas figuras, utilizando un estilo caracterizado por la tensión y el movimiento. Las representaciones de los gigantes incluyen músculos exagerados, torsos torcidos, y expresiones de rabia o desesperación. Esta obra no solo ilustra la batalla entre los gigantes y los dioses, sino también el concepto de la victoria del orden divino sobre el desorden primordial, representado por los gigantes.

3. Escultura y Arte Monumental

La Gigantomaquia no solo fue un tema central en la cerámica, sino también en el arte escultórico monumental. Además del friso del Partenón, los gigantes aparecen en una serie de otras esculturas y relieves:

  • El Altar de Pérgamo: Uno de los ejemplos más famosos de la representación de la Gigantomaquia es el friso del Altar de Pérgamo, datado entre 180 y 160 a. C. Este altar, ahora en el Museo de Pérgamo en Berlín, muestra una gigantesca batalla entre los dioses y los gigantes. Las esculturas del altar están llenas de dramatismo, con figuras musculosas y una sensación de movimiento vertiginoso. La representación de los gigantes es particularmente impresionante por su exageración y la violencia en las escenas, lo que resalta la lucha cósmica entre el orden y el caos.
  • Relieves y Estatuas de la Época Helenística: En la época helenística, la representación de los gigantes adquirió un enfoque aún más emocional y dramático. Las figuras fueron representadas en poses contorsionadas, reflejando la lucha desesperada de los gigantes por derrotar a los dioses, mientras estos mantenían su compostura divina. Las expresiones faciales y el tratamiento de los músculos son más complejos, con énfasis en la lucha tanto física como emocional.

4. Simbolismo de los gigantes en el Arte

La representación de los gigantes en el arte griego no es solo una cuestión de ilustrar los mitos, sino también de reflejar ciertos temas filosóficos y religiosos.

  • El Caos frente al Orden Cósmico: Los gigantes, al igual que los Titanes, representan el caos y la rebelión contra el orden divino establecido por los dioses olímpicos. En este sentido, su representación en la cerámica y la escultura no solo busca ilustrar una batalla mitológica, sino también destacar el orden cósmico que los dioses del Olimpo defienden. Esto está simbolizado en su lucha constante con figuras heroicas como Heracles, quien es un protagonista importante en la Gigantomaquia.
  • El Ideal de la Victoria Divina: Las representaciones artísticas de los gigantes generalmente terminan con la victoria de los dioses, lo que simboliza la victoria del orden sobre el caos. Sin embargo, los gigantes también son representados de manera majestuosa, lo que hace que el triunfo de los dioses sea aún más glorioso y significativo. Al igual que en otras representaciones mitológicas, el heroísmo y el sacrificio son temas recurrentes, con los dioses y héroes que luchan para restaurar el equilibrio

Referencias

  1. Beazley Archive 204546; Arthur Bernard Cook, Zeus: A Study in Ancient Religion, volumen III, lámina III, A.
  2. La forma singular es Γίγας (Gígas) en griego, Gigas en latín.
  3. En cuanto a su tamaño: Hansen, pp. 177: «Hesíodo los describe como «grandes», refiriéndose quizá a su estatura, pero los gigantes no siempre se representan como enormes. Aunque la palabra gigante deriva en última instancia del griego γίγαντες (gígantes), los rasgos más persistentes de los gigantes son la fuerza y una agresividad arrogante».
  4. Moore 1985, p. 21.
  5. Gantz, pp. 446, 447.
  6. Gantz, p. 453; Hanfmann 1992, The Oxford Classical Dictionary s.v. "Giants".
  7. a b Apolodoro I 6, 1 y sig.
  8. Pausanias viii.29 §2; Píndaro, Nemeas i.67; Estrabón pp.245, 281, 330; Escolio sobre la Ilíada de Homero viii.479.
  9. a b Homero: Odisea VII vv. 56 - 63
  10. a b Hesíodo, Teogonía 183 y sig.
  11. Apolodoro: Biblioteca mitológica I 6, 1
  12. Higino: prefacio 4 de las Fábulas
  13. Baquílides, oda 15, ditirambo 1, 15, 63
  14. Batracomiomaquia VII, 542–543; Sófocles: Las traquinias, 1058; Eurípides, Las fenicias 1131; Licofrón, Alejandra 127, 504–505 y 1408, 610–611.
  15. Homero: Odisea VII, 58–60
  16. Hesíodo: Teogonía 50 y 185
  17. Teogonía, 185
  18. Píndaro: Píticas VIII, 12–18.
  19. Baquílides, XV, 50 ss.
  20. Alcmán, fragmento 1, en Poetarum melicorum Graecorum fragmenta.
  21. a b c d e Apolodoro: Biblioteca mitológica, I 6, 1-2
  22. a b Ovidio: Las metamorfosis I, 182–184
  23. Nono de Panópolis: Dionisíacas I, 18
  24. a b Diodoro Sículo: Biblioteca histórica V 71, 5
  25. Estrabón: Geografía XI 2, 10
  26. En escolio a Ilíada VIII, 479 se menciona a Ofión como uno de los gigantes y que fue aplastado por Zeus bajo el monte Ofionio. Tifón a veces es menionado explícitamente entre los gigantes, por ejemplo en Horacio: Odas III 4, 53, en donde se añade que luchó contra Atenea, junto con Mimante, Porfirión y Encélado.
  27. Efialtes es descrito por Apolodo (Biblioteca mitológica, I, 6, 1) y fue derrotado por Apolo y Heracles. También es descrito en cerámicas antiguas como oponente de los dioses. Higino (Fábulas, prefacio) los menciona por separado y dice que nacieron de la Tierra y el Tártaro.
  28. Higino: Fábulas, prefacio
  29. Ovidio: Las metamorfosis I, 151–162
  30. Nono de Panópolis, Dionisíacas XXV, 237-24; XLV, 174-215
  31. Calímaco: Himno 4 (a Delos) 141–146; Filóstrato: Vida de Apolonio de Tiana IV, 6
  32. Homero, Odisea vii.59, 206, x.120; comp. Pausanias viii.29.2.
  33. Servio, Sobre la Eneida viii.698, Geórgicas i.166, 278; Horacio, Cármina iii.4.42.
  34. Hesíodo: Teogonía 176 ss
  35. Hesíodo: Catálogo de mujeres, fr. 43 a (West)
  36. Ovidio, Tristes iv.7, 17.
  37. Ovidio: Las metamorfosis I, 151–162
  38. Claudiano: Gigantomaquia, I y II
  39. Pausanias viii.29.1.
  40. Eratóstenes: Catasterismos, XI (Cangrejo)
  41. Antonino Liberal, Metamorfosis 21.
  42. Esteban de Bizancio, voz "Almopia"
  43. Odisea XI 305, Catálogo de mujeres fr. 6, Apolodoro I 5, 3; Fabulae 28
  44. Pausanias: Descripción de Grecia I 35, 6
  45. Apolodoro II 5, 11; Fabulae 31 ; Diodoro Sículo IV 17; Píndaro: Istmicas IV 87; Lucanio, Farsalia IV 590; Juvenal III 89; Ovidio 397
  46. Apolodoro, Epítome vii.12.
  47. Apolodoro II 1, 2; Ovidio: Metamorfosis. I 264
  48. Pausanias i.35.6, vii.2.5.
  49. Virgilio: Eneida VIII 195; Ovidio: Fastos I 543
  50. Hesíodo: Teogonía, 281
  51. Nono xxv.486.
  52. Fr. anónimo (quizás Pamprepio de Panópolis), revista Romanica Olomucensia; Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma I 11, 2; 12
  53. Homero, Odisea vii.56 y sig.
  54. Apolodoro II 5, 10
  55. Eliano: Sobre los animales XI, 1
  56. Pausanias i.35.7-8.
  57. Pausanias VIII 32, 5; 36, 2.
  58. Ptolomeo Queno, Nueva historia, citado por Focio, Bibliotheca Codex 190.
  59. Pollitt 1986, p. 105; Pergamon Altar image viewer Archivado el 26 de noviembre de 2013 en Wayback Machine..
  60. Homero: Odisea XI 309; Estrabón IX; Tzetzes, sobre Licofrón 328
  61. FONTENROSE, Joseph: Orion: The Myth of the Hunter and the Huntress (Orión: el mito del cazador y la cazadora), pág. 6. Aunque esta versión de la leyenda nos ha llegado a través de Apolodoro en su Biblioteca mitológica, ver «Biblioteca mitológica, i.4.3-5», es casi seguramente atribuible a Ferécides de Leros.
  62. Ateneo 78a
  63. Apolodoro I 9, 26 ; Apolonio de Rodas IV 1638; Platón: Minos. p. 320
  64. Odisea VIII. 324; Apolodoro. I 4, 1; escolio sobre Apolonio de Rodas. I 181, 761; Píndaro: Píticas. IV 81
  65. Pausanias iii.18.11.
  66. De acuerdo a Schefold, pág. 62, Temis «aparece a guisa de Cíbele».
  67. Brinkmann, N5 p. 92, lee solo Taro.
  68. Que otros leen «Hipertas»
  69. Probablemente Afrodita, o Hera, pero Brinkmann, p. 94 no es capaz de identificar su nombre.
  70. LIMC 5020 (Gigantes 2)
  71. Miguel Ángel Elvira Barba, Arte y mito: manual de iconografía clásica, pp.91-93, Madrid: Sílex (2008), ISBN 78-84-7737-196-0.

Bibliografía

Véase también

Enlaces externos